domingo, 9 de enero de 2011

Instrucciones para planchar

Coger la ropa que se quiere planchar. Encender la plancha. Colocar la tabla. Bajar al gato de la tabla (no hay que preguntarse cómo se las ha arreglado para llegar ahí en milésimas de segundo, recordar en todo momento que es un gato y que no debemos bajar la guardia). Extender la primera camisa. Esperar a que la plancha esté caliente. Bajar al gato (inspirar lentamente). Planchar una cara de la camisa. Reñir al gato mientras se está subiendo para intentar que se baje sin tener que soltar la plancha y que se nos queme la camisa (expirar lentamente). Bajar al gato. Girar la camisa. Reñir a la gata que al ver la diversión que se está perdiendo ha decidido también subirse a la tabla (tararear alguna canción que nos relaje mientras pensamos en paisajes verdes). Bajar a los dos gatos al suelo. Observar la maravillosa superfície vacía de la tabla de planchar. Extender rápidamente la segunda camisa. No desesperar mientras los dos gatos vuelven a subirse a la tabla. Nosotros somos más fuertes. Cada vez que se suban, repetir el proceso desde el principio. Toda perseverancia tiene su premio. Para la quinta camisa ya habremos vencido, ellos dormirán tranquilamente en la mitad de la tabla mientras nosotros plancharemos en la otra.

sábado, 8 de enero de 2011

Búsqueda

Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar, indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas.

Pablo Neruda

viernes, 7 de enero de 2011

Cassettes

Recuerdo aquellos cassetes llenos de canciones de la radio que nos regalábamos antes. Traían un papelito como funda, donde alguien había escrito con una letra minúscula los grupos y los títulos de las canciones. Generalmente se oían mal, estaban cortadas a mitad o interrumpidas por el locutor antes del final. Pero daba igual, aún así tenían un encanto especial. Eran pedacitos de estados de ánimo, cuidadosamente seleccionados y enlazados por alguien para nosotros. Eran únicos. No tenían ningún valor económico, pero sí un enorme valor sentimental. La cinta magnética creaba un pequeño lazo entre creador y receptor ¿en qué momento dejamos de crear estos pequeños lazos?


Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en el aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños
Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!

Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.
Cumpleaños (Ángel González)

lunes, 3 de enero de 2011

embolica que fa fort

'
Viajeros y preguntones me rodean,
Personas que encuentro a mi paso, huellas que me dejó la infancia, el barrio o la casa donde vivo, o el país,
Los últimos aniversarios, descubrimientos, invenciones, sociedades, viejos y nuevos autores,
Mi comida preferida, mi ropa, compañeros, miradas, cumplidos y deberes,
La indiferencia real e imaginada de alguien a quien quiero,
Mis dolencias o las de los míos, contrariedades, pérdidas o falta de dinero, abatimiento o exaltación,
Las batallas, el horror de la guerra entre hermanos, la ansiedad ante la noticia q no acaba de llegar, el suceso irremediable,
Todo esto viene y se aleja de mí noche y día,
Pero no es mi Yo.
Más allá de vaivenes y tensiones se eleva lo que soy, se alza alegre y ocioso, compasivo, unitario,
Me inclino, me alzo apoyando los brazos en algún sostén impalpable,
Oteando con la cabeza doblada lo q va a suceder,
Dentro y fuera del juego, mirando y asombrado.
Miro hacia atrás y me veo debatiéndome entre la niebla con lingüistas y disputadores,
No hay en mí burlas ni razonamientos; sólo miro y espero.
'
CANTO A MÍ MISMO - Walth Whitman
'
'

sábado, 1 de enero de 2011

Puerta abierta

A ver, a ver, quién ha transcrito el poema de Walt Whitman, que parece hecho para mí!!!
Qué bien escribir con vosotros de nuevo... Neusilla, Vidabella (qué nombre tan bonito, por dios)... y tuvo que ser de nuevo Feli quien abriera esta puerta... Qué bien!
Hoy quiero dar gracias a la naturaleza por algo que me regaló. Me regaló amor a la vida. Y esto me salva en esta temporadita en que la muerte pasa una y otra vez cerca de mí. Marcos. Angela. Mari. Fernando López Pardo. La enfermedad larga y casi solitaria de mi padre...
Lloro y me angustio y me rebelo y me culpo y... y luego aspiro el aire limpio, o miro el verde del campo o escucho a un niño y de nuevo engaño a la oscuridad y a la locura ... y vuelvo a sonreír.

Buenos propósitos

Cantar. Cantar solos. En el ascensor, en el trabajo, al coger un taxi... y esperar que alguien se nos añada y así acabar haciendo un número de película musical.

Llamar a la consulta del médico y pedir hora de aquí a una semana. Cuando en unos días comprobemos que nos seguimos encontrando bien, llamar y anular la visita.

Gritar a grito pelado hasta quedarnos sin voz para sentirnos más vivos que nunca.

Descalzarnos para notar la suavidad de la arena del desierto, la frescura del césped, la dureza de la roca y el tacto de la lana.

Antes de decir una cosa que nos han dicho, refexionar si estamos contribuyendo a la difusión interesada de una maldad.

Pegar post-its por todas partes para recordarnos a nosotros mismos que quizás, somos únicos.

Ir a una tienda de armas y pedir un libro de poemas.

Escribir una carta a los Reyes pidiendo que llegue la República.

Mimar las cabezas de los niños pequeños y, después, olernos las manos como quien ha tocado musgo.

Aprender a contar hasta treinta y tres en hebreo.

Inventar palabras nuevas y mezclarlas en las conversaciones habituales: banequeria, gatusela, llantoia.

Hablar con las plantas y regar a los amigos dos veces por semana.

Esperar con un ramo de flores, bajo la lluvia, a cualquier esquina, a una persona que nunca llegará y con quien no nos hemos citado.

Ponernos a mirar fijamente un punto al cielo, hasta que se cree un cículo de gente mirando aquel trozo de cielo que nosotros hemos hecho nuestro.

Escribir excelentísimo en minúscula e Insecto en mayúscula.

Decidir quiénes son los nuestros, aquellos que queremos de verdad, y una vez decididos, intentar tratarlos al menos igual de bien que a la gente que ni nos va ni nos viene.

De "Bons propòsits" (Joan Barril i Joan Ollé)